La historia de Alan
Cuando pienso en la vida transformada, recuerdo a Alan, un colega de nuestra industria. Aunque en el aspecto profesional le iba bien, personalmente estaba batallando. Tenía una serie de contratiempos en su hogar y en el trabajo que lo dejaban desanimado. Como me había sucedido a mí años atrás, Alan también estaba buscando.
Un día, mientras él estaba haciendo una visita de negocios, un cliente le habló acerca del cambio tan radical que se había producido cuando le había entregado su vida a Jesús. Alan lo escuchó respetuosamente, pero no vio de qué manera aquello se le podría aplicar a él.
Después, durante una exhibición industrial, Alan y yo acordamos reunirnos a desayunar. Cuando él me habló de las dificultades por las que pasaba, yo pude ver que ansiaba tener paz personal. Le relaté mi propia historia. Entonces, allí mismo, ante la mesa del desayuno, Alan dio el mismo paso valeroso del que hemos estado hablando. Reconoció su estado caído, pidió y recibió el perdón de sus pecados y le confió su vida a Jesucristo. Entonces, con una amplia sonrisa, y mientras le corrían las lágrimas por el rostro, me dijo: “John, después de esta mañana, no creo que vuelva a ser jamás el mismo de antes”.
Alan y yo hemos seguido en contacto, y esto me ha capacitado para ver cómo ha ido progresando continuamente. Hace poco celebramos el tercer aniversario de su llegada a Cristo, de nuevo mientras desayunábamos durante nuestra exhibición industrial anual. Entonces vi en Alan a un hombre cuya vida está llena de paz, es provechosa y tiene propósito. Aunque sigue enfrentándose a distintos desafíos, sabe que es una persona nueva, y siente un gozo y una libertad que no había conocido nunca antes.
Su propia historia >
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